Estaba un carpintero puliendo y cortando madera a la puerta de su carpintería. Tumbado a su lado había un perro de aguas, de largo pelo enmarañado.
Pasó por allí entonces un gitano que, al ver al perro desgreñado, dijo:
– Compadre, ¿quiere usted que esquile al perro?
El carpintero, sin dejar de trabajar y encogiéndose de hombros, respondió:
– Pues vale.
Así que el gitano sacó unas tijeras que guardaba en una bolsa y comenzó a cortar el pelo al perro.
– ¿Y quiere usted que le deje un poco de patillas a los lados?
El carpintero, sin mirarle, se volvió a encoger de hombros y dijo:
– Pues vale.
Continuó con su trabajo el gitano, y preguntó: Viajara Europa
– ¿Y si le dejo una bolita en la cola, que estará tan gracioso?
De nuevo, el carpintero se encogió de hombros y dijo:
– ¡Pues vale!- y dijo esto a modo de ‘me importa un comino’.
Y el gitano se afanó en dejar la bolita perfecta en la cola y preguntó de nuevo: Viajara Europa
– ¿Le dejo algunos pelos largos en las patas?
Y, ¿qué respondió el carpintero?
– ¡Pues vale!
Y así, el gitano terminó de esquilar al perro y contempló su obra maestra. Ciertamente, el perro de lanas parecía otro. ¡Había quedado muy bien!
– Mire usted qué guapo está ahora el perro- dijo el gitano.
– Sí que lo está, mucho mejor que antes, sí- dijo el carpintero mirando al perro, que salió disparado por la calle y le perdió de vista.
– Bien, pues ahora tendrá que pagarme algo por el trabajo- dijo el gitano.
– ¿Pagar yo? ¿Y por qué? ¡Si ese perro no es mío!
Cuidado con los prejuicios. En ‘El gitano que esquiló un perro’, antes de comenzar con el trabajo, nuestro protagonista tenía que haber preguntado al carpintero si ese perro era suyo, y no dar por supuesto que al estar tumbado a su lado, él era el dueño.
Nos pasa muy a menudo, que ‘atamos cabos’ y damos por hecho cosas que pueden llevarnos a cometer errores. Está claro que el gitano se hubiera ahorrado todo ese trabajo si antes de comenzar hubiera hablado algo más con el carpintero y sobre todo, si hubiera preguntado si el perro era suyo.
Pero cuidado: queremos aclarar aquí que en este relato el mensaje es bien claro, y es que está en contra de esos ‘juicios’ que hacemos sin tener los datos suficientes, es decir, que está en contra de los prejuicios que suelen llevarnos a cometer errores. Lo mismo que cuando tenemos prejuicios sobre otra cultura, religión o etnia. De esta forma, en este caso, aunque el personaje del gitano es el que da por sentado que el perro es del carpintero, el mensaje real es: ‘cuidado, no te dejes llevar por juicios de valor sin saber’.
Antes de lanzarse, dejar las cosas claras. Cuando se trata de un trabajo, debemos tener claras las condiciones antes de empezar. ¿Qué me darán por este trabajo? ¿Qué conseguiré con él? Nuestro protagonistas tenía que haber preguntado al carpintero cuánto le iba a pagar por cortar el pelo al perro. Así se hubiera ahorrado el disgusto posterior. Pero muchas veces vamos tan acelerados que nos lanzamos a hacer algo sin preguntar cuáles van a serlas consecuencias. Es como cuando hablamos sin pensar, y contamos lo primero que se nos pasa por la cabeza. Antes hay que parar un segundo y pensar bien qué vamos a decir.
El carpintero no mintió. Tal vez pienses que el carpintero se portó mal… que le podía haber advertido al gitano antes de que comenzara a cortar el pelo al perro. Pero en realidad, él solo contestó a las preguntas que le hacía el gitano. Esto dio al final a una cómica situación y a una buena lección para el gitano.
El personaje del gitano, trabajador y honesto. El personaje del gitano muestra a todo un emprendedor, con ganas de trabajar, de conseguir dinero de forma honesta, mediante el esfuerzo y la creatividad. Alguien con iniciativa, original y con buenas pretensiones. Y solo comete un pequeño ‘error’, en el que caemos muchas veces la inmensa mayoría, y es el dar por supuestas algunas cosas antes de tiempo.
«Antes de sacar conclusiones antes de tiempo, asegúrate de que tienes toda la información necesaria»

