La fábula de la SOPA DE PIEDRA.

por chamlaty

piedras

“Cierto día, llegó a un pueblo un hombre y pidió por las casas para comer, pero la gente le decía que no tenían nada para darle. Al ver que no conseguía su objetivo, cambió de estrategia. Llamó a la casa de una mujer para que le diese algo de comer.

– “Buenas tardes, Señora. ¿Me da algo para comer, por favor?”

– “Lo siento, pero en este momento no tengo nada en casa”, dijo ella.

– “No se preocupe – dijo amablemente el extraño -, tengo una piedra en mi mochila con la que podría hacer una sopa. Si Ud. me permitiera ponerla en una olla de agua hirviendo, yo haría la mejor sopa del mundo.

– ¿Con una piedra va a hacer Ud. una sopa? ¡Me está tomando el pelo!

– En absoluto, Señora, se lo prometo. Deme un puchero muy grande, por favor, y se lo demostraré”

La mujer buscó la olla más grande y la colocó en mitad de la plaza. El extraño preparó el fuego y colocaron la olla con agua. Cuando el agua empezó a hervir ya estaba todo el vecindario en torno a aquel extraño que, tras dejar caer la piedra en el agua, probó una cucharada exclamando:

– ¡Deliciosa! Lo único que necesita son unas patatas”.

Una mujer se ofreció de inmediato para traerlas de su casa. El hombre probó de nuevo la sopa, que ya sabía mucho mejor, pero señalo la  falta un poco de carne.

Otra mujer voluntaria corrió a su casa a buscarla. Y con el mismo entusiasmo y curiosidad se repitió la escena al pedir unas verduras y sal. Por fin pidió:

“¡Platos para todo el mundo!”.

La gente fue a sus casas a buscarlos y hasta trajeron pan y frutas. Luego se sentaron todos a disfrutar de la espléndida comida, sintiéndose extrañamente felices de compartir, por primera vez, su comida.

Y aquel hombre extraño desapareció dejándoles la milagrosa piedra, que podrían usar siempre que quisieran hacer la más deliciosa sopa del mundo.”

Moraleja: Con la cooperación se alcanzan resultados notables, aún cuando se parta de contribuciones pequeñas, o incluso insignificantes.

Esta es la fuerza milagrosa que tiene el COMPARTIR. Cada uno podemos poner alguna de nuestras virtudes al servicio de los demás y el resultado puede ser espectacular.

Esta es una antigua fábula que supuestamente tuvo lugar en los alrededores de Almeirim (Portugal), donde no hay restaurante que no sirva “sopa de pedra” (en portugués), aunque la misma historia se conoce también en los países escandinavos, pero en este caso con el nombre de sopa de clavos.

Somos herederos de muchas generaciones que tenían por bandera la máxima de “la letra con sangre entra”, aunque pausadamente estamos comprendiendo el desacierto que este aforismo comporta. Hoy en día, todo buen empresario es conocedor del secreto a voces de que el éxito no se consigue con altanería, soberbia y control sobre sus empleados. Los días del “yo” han dejado paso a los del “nosotros”. Una empresa potente y fuerte sabe que el ordeno y mando es contraproducente, pues la clave está en entender y demostrar que el éxito no es de uno sino de todos. Celebrando ese éxito de forma conjunta, permitiendo a sus trabajadores participar de él. Las personas responden cuando tienen sensación de propiedad, cuando no es así simplemente piensan que “esto no es mío y no me importa”. En ese “no me importa” radica el germen del fracaso. Por eso, es muy importante cambiar el singular por el plural, el concepto de “mi empresa” por el de “nuestra empresa”.

Visto en http://www.hispacolex.com/

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