Orfeo y Eurídice.

por chamlaty

Apolo, dios de la música y la poesía, uno de los dioses más bellos, vivía rodeado de musas. Fue con una de ellas, Calíope (musa de la poesía épica y la elocuencia), con quien tuvo un hijo al que pusieron de nombre Orfeo.

Su padre, Apolo, le regaló una lira, la misma que Hermes, mensajero de los dioses, le había regalado a él. Era una lira especial, pues tenía nueve cuerdas, en honor a las nueve musas, y estaba fabricada con el caparazón de una tortuga. Por supuesto, Apolo también le enseñó a tocarla. Su madre, por su parte, le enseñó a introducir versos en sus canciones.

Orfeo creció, convirtiéndose en un dios lleno de belleza y sensualidad. Era capaz de atraer a quien se propusiera con su canto. Dioses, hombres, mujeres… y hasta animales. Todos caían rendidos ante él. Orfeo era capaz de amansar hasta a una fiera con su música… Su lira podía mover piedras y hasta cortar el curso de un río… Y sí, así cayó rendida de amor Eurídice, quien terminó casándose con Orfeo.

La pareja era feliz, pero la felicidad quedó truncada de forma imprevisible. Una serpiente mordió a Eurídice y ella murió. Desde ese momento, Orfeo solo podía tocar tristes y dolorosas melodías. Las ninfas le propusieron luchar por recuperar a Eurídice. Enamorado, fiel hasta la muerte…. decidió hacerles caso y buscar a su amada en el infierno.

Al llegar al inframundo, se encontró con Cancerbero, el guardián del infierno. Pero consiguió adormecerlo con su música. Y con su lira y su canto, también ablandó el corazón de Hades y su mujer Perséfone, dioses del inframundo, quienes accedieron a sus súplicas:

– Está bien- le dijo Hades a Orfeo- Puedes llevarte a Eurídice a tu mundo, pero con una condición: debe caminar detrás de ti. Y no puedes mirarla hasta que hayas llegado al mundo de la vida y el sol haya bañado a tu mujer. De lo contrario, ella morirá de nuevo y la perderás para siempre.

Orfeo, emocionado ante la idea de recuperar a su amada, juró que no la miraría en todo el trayecto. Pero su corazón desbocado le jugó una mala pasada, y justo cuando casi llegan al final, olvidó la condición impuesta por Hades y Perséfone y se giró para contemplar a su amada, para asegurarse de que seguía allí. En ese momento, Eurídice se desvaneció para siempre, muriendo por segunda y última vez.

Orfeo se convirtió de esta forma en el amante más desgraciado del mundo. Decidió aislarse de todos y encerrarse en su dolor en soledad.

Un día, Orfeo visitó Tracia, su lugar de origen, y allí, tocando la lira, sedujo sin querer a unas bacantes, las ‘adoratrices’ del dios Baco (dios del vino, la fiesta y el jolgorio). Orfeo las rechazó y ellas, desesperadas, ciegas de pasión, lo mataron y despedazaron.

Cuando Zeus se enteró del triste final de Orfeo, decidió colocar en lo alto del firmamento su hermosa lira, para que todos le pudieran recordar.

 

La felicidad es efímera: Orfeo y Eurídice vivieron una felicidad muy corta. Ambos se amaban, y se sentían realmente dichosos de poder estar juntos. Sin embargo, esta historia nos recuerda la necesidad de vivir cada instante como si fuera a esfumarse en un suspiro. La vida está llena de espinas y obstáculos a veces insalvables. La felicidad puede truncarse en un segundo. La dicha puede ser efímera. De ahí la importancia de aprovecharla al máximo mientras la tengamos.

El amor es eterno, pero en vida, no lo puede todo: Más allá de la muerte, más allá de los confines del tiempo tal y como lo entendemos. El amor no tiene fin, y la estrella Vega, de la constelación Lyra nos lo recuerda. Nos recuerda ese amor de Orfeo y Eurídice que se hizo finalmente eterno, como esa estrella que aún estando tan lejos de la Tierra brilla con tanta intensidad.

 

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