Después de visitar el planeta del vanidoso, el Principito llegó a un planeta pequeño habitado por un bebedor. Fue una visita muy breve, pero sumió al Principito en una profunda melancolía.
Al llegar al planeta, el Principito vio al hombre sentado y cabizbajo. Guardaba un profundo silencio y estaba rodeado por montones de botellas. Algunas vacías y otras llenas.
– ¿Qué haces aquí?- le preguntó entonces el Principito, a quien le encantaba hacer preguntas.
– Bebo- respondió el hombre encogiendo los hombros y con voz lúgubre.
– ¿Y por qué bebes?- insistió el Principito.
– Para olvidar.
– ¿Pero… para olvidar el qué?
– ¿Para olvidar que tengo vergüenza?- confesó al fin el bebedor bajando más la cabeza. Pero el Principito no acababa de entender:
– ¿Y de qué tienes vergüenza?- preguntó.
– Vergüenza de beber- dijo al fin el bebedor, y terminó sumido en un gran silencio.
El Principito se alejó de allí perplejo y triste. Decididamente, los mayores eran muy complicados.
Los vicios crean dependencia: La bebida, los videojuegos o incluso el móvil. Hay cientos de vicios que nos atrapan sin que nos demos cuenta y nos llevan a un círculo vicioso del que es difícil salir. Es como una rueda. Necesitas eso en concreto porque si no lo tienes sientes que lo necesitas. Porque creó en ti una dependencia tal que llegas a pensar que forma parte de tu existencia.
«El bebedor sentía vergüenza por haber caído en el vicio de beber y a la vez bebía para olvidar esa vergüenza. Así se inicia el círculo viciosos de las adicciones»
El vacío que intentamos llenar de forma superficial: En lugar de intentar llenar nuestro interior con otras emociones que apaguen las negativas (algo que nos genere felicidad, amor, alegría), recurrimos muchas veces a objetos materiales que en un primer momento actúan de forma más rápida y nos ayudan a ‘no sentir’ esa emoción negativa.
Sin embargo, son objetos o antídotos pasajeros. Camuflan por un instante la emoción negativa pero ésta sigue ahí, latente. En el momento en el que no usamos aquello que elegimos, vuelve a aparecer y nos vemos obligados a recurrir de nuevo a aquello que funcionó durante unos minutos… Y así una vez y otra… Nos damos cuenta de que no es la solución, pero sentimos que necesitamos ese ‘antídoto’ porque si no caemos en una profunda tristeza.
«La mayoría de los vicios nacen de una incapacidad de gestionar las emociones»
(Reflexiones del Principito y el bebedor)

