Pigmalión era el rey de Chipre. Un buen día decidió que debía casarse, pero no serviría cualquier mujer. Debía encontrar a la mujer perfecta. Pero por más que buscó y buscó a lo largo del ancho mundo, ninguna le parecía lo suficientemente perfecta.
Desesperado y frustrado, decidió abandonar el sueño de casarse, y dedicó su tiempo libre a esculpir figuras femeninas.
Poco a poco, su técnica fue mejorando, y un buen día, consiguió crear una mujer realmente hermosa, a la que puso de nombre Galatea.
El rey de Chipre se enamoró perdidamente de ella. Una obsesión que le llevó a verla hasta en sueños. Afrodita, reina del amor, la belleza y la sensualidad, conmovida por este amor, hizo que en uno de esos sueños, Galatea cobrara vida.
Al día siguiente, Pigmalión se acercó a Galatea y comprobó que sus mejillas de marfil de pronto habían cobrado algo de rubor. La tocó y le pareció que la estatua estaba caliente. Los dedos de su amada pétrea comenzaron a moverse ligeramente, como si fueran de cera. Afrodita se apareció a Pigmalión y le dijo:
– Mereces la felicidad que tanto ansías… La misma que plasmaste con tanta belleza en esta figura. Ahí tienes a la reina que andabas buscando. Ámala hasta el final de tus días.
Y así es cómo Galatea se convirtió en humana.
El amor es un sentimiento tan fuerte, que es capaz de cualquier cosa… Hasta de conseguir lo imposible: dar vida a un ser inanimado.
La búsqueda de la perfección: El mito de Pigmalión nos muestra a un rey obsesionado con la perfección, hasta tal punto, que tuvo que abandonar su sueño de encontrar lo que buscaba. Solo él podía ser capaz de dar forma aquello con lo que soñaba, tal y cómo lo había estado buscando. Solo él pudo crear a la mujer que deseaba. Sin embargo, carecía de lo más importante… la vida. Con lo cual, tampoco era perfecta. Y es que en el fondo la perfección, no existe.
Si crees que puedes, si lo sueñas… existe: ¿Cómo hacer posible lo imposible? El mito de Pigmalión tiene una segunda lectura muy importante, y es que aquello que soñamos, puede hacerse realidad. Evidentemente la metáfora que se utiliza lleva esto al extremo. Nadie puede dar vida a un ser inanimado, pero es la metáfora que este mito utiliza para que entendamos que debemos creer, que los sueños muchas veces se hacen realidad.
El poder del amor: ¿Qué es lo que dio vida a Galatea? ¿Por qué se convirtió en humana? Afrodita vio el amor de Pigmalión por su escultura y este amor era tan fuerte, que debía materializarse de alguna forma. Por eso, creyó que debía ayudarle haciendo realidad su gran sueño.
El mito de Pigmalión y el efecto Pigmalión: ¿qué tienen que ver?
En la rama de la psicología existe un famoso efecto llamado ‘efecto Pigmalión’, sobre el comportamiento humano ante estímulos que le animan a creer en sí mismo, o por el contrario, críticas y pensamientos negativos que nos hacen fracasar. Este efecto parte del mito de Pigmalión, ya que el escultor consiguió que su sueño se hiciera realidad gracias a que Afrodita le hizo creer mediante un sueño que podía conseguir aquello que tanto deseaba. Le dio fuerzas para creer en que su amada Galatea podía cobrar vida.
Pero, ¿qué es el efecto Pigmalión exactamente? Se trata de la influencia que unas personas pueden tener sobre otras. Y esta puede ser positiva o negativa. Si crees en otra persona, en sus posibilidades, y le ayudas a que él mismo crea en sus capacidades, conseguirá lo que se proponga. Es decir, que una persona puede tener una gran influencia en las consecuciones de otra si cree en sus posibilidades.
«Si alguien nos valora, aumentará nuestras posibilidades de éxito, pero si nos critica y recuerda cada tropiezo que tuvimos, nos estará condenando al fracaso.»
Pero este mito de Pigmalión aparece en más obras literarias de las que imaginas: ‘Frankenstein’ (de nuevo un ser inanimado cobra vida por el deseo de su creador), la escena final de ‘Cuento de Invierno’, de Shakespeare (cuando una estatua cobra vida), o ‘El retrato de Dorian Gray’, de Oscar Wilde (en esta ocasión es un cuadro el que cobra vida). También en ‘El beso’, una famosa leyenda de Bécquer cuyo protagonista también se enamora perdidamente de una estatua. Son solo algunos ejemplos, aunque hay muchos más.

