El caballo de los siete colores.

por chamlaty

Al pie de una montaña de Guatemala, vivía un honrado labrador con sus tres hijos. La familia vivía de la plantación de hortalizas, y trabajaba duro para sacarlas adelante.

Una noche, Don Isidro, que así se llamaba el padre de familia, escuchó el estruendo de un grupo de caballos que relinchaban sin cesar, armando un gran escándalo. El hombre salió de la casa, armado con una escopeta y acompañado por sus hijos. Entonces descubrieron a un grupo de caballos salvajes, bravos y hermosos, muy hermosos. Eran de diferentes colores. Y uno de ellos además, tenía el pelo de diferentes tonos. Don Isidro contó hasta 7 colores diferentes. ¡Era precioso!

Sin embargo, aunque disparó para persuadirlos, los caballos apenas se inmutaron. Eran caballos mágicos, y las balas no les hacían absolutamente nada. Los caballos habían pisado todas las plantas, y en seguida se fueron galopando.

Don Isidro, muy enfadado, decidió vigilar para que no volviera a suceder aquello. Le ordenó a su hijo mayor que vigilara la siguiente noche. Pero el chico, a pesar de mantenerse despierto un rato, comenzó a notar un terrible sueño al respirar el aroma de unas flores que se avivan por la noche, las adormideras. Y al notar el olor de la planta, se durmió profundamente. Los caballos llegaron de nuevo y volvieron a destrozar todo lo sembrado.

Al día siguiente, pensando que el error había sido del hijo mayor, Don Isidro le ordenó vigilar al hermano mediano. Sin embargo, este también sucumbió al dulce aroma de las flores, y se durmió profundamente. Los caballos llegaron y camparon a sus anchas.

La siguiente noche, Don Isidro confió la vigilancia de la plantación a su hijo pequeño. Atento a las explicaciones de sus dos hermanos, tenía claro que tenía que burlar el aroma embriagador de las flores. Ató entre dos árboles una hamaca y la llenó con una planta que produce picores muy molestos: la chichicate. De esta forma, no podría dormir. Y así fue: el aroma llegó pero el picor le mantuvo alerta, y al fin, vio llegar a los caballos.

El chico decidió entonces atrapar a uno de ellos, al más hermoso, al caballo de los siete colores. Con una cuerda, hizo una soga y consiguió atrapar al caballo por la cabeza. Al principio se resistió, pero al final tuvo que parar, resoplando, y, para sorpresa del joven, comenzó a hablar con él. 

El caballo era realmente mágico… ¡sabía hablar! El chico, enfadado, le contó que aquellas plantas eran todo lo que tenían. El caballo, arrepentido, le pidió que le dejara huir y que a cambio, arreglaría todo lo destrozado. El chico, que tenía un gran corazón, accedió, y el caballo, cumpliendo su promesa, recitó en voz alta una dulce y mágica canción:

‘Piedras blancas, piedras lisas, ojos del alcaraván aquí se levantarán las mejores hortalizas’.

De repente, las plantas volvieron a crecer, mucho más grandes y fuertes que antes. El caballo, agradecido, dijo al joven que estaría siempre a su lado siempre que le necesitara.

Al día siguiente, Don Isidro contempló asombrado su plantación. ¡No podía creerlo! ¡Estaba mejor que nunca! Así que felicitó entusiasmado a su hijo. Los dos hermanos, muertos de envidia, decidieron abandonar el hogar.

El padre enfermó entonces de tristeza y su hijo pequeño, para ayudarle, fue a buscarles. Sin embargo, sus hermanos, al verle, le lanzaron a un pozo. ¡Menos mal que el joven se acordó del caballo de siete colores!

Le llamó y el caballo acudió enseguida. Le ayudó a salir del pozo y se alejó.

Los hermanos, asombrados al ver regresar a su hermano, decidieron hacerle su esclavo. Llegaron a una población coronada por un lujoso palacio, en donde había una competición con una gran recompensa: el que consiguiera atrapar a caballo una minúscula argolla de oro, se casaría con la princesa del palacio. 

Los hermanos se apuntaron a la competición y dejaron al hermano menor haciendo la comida, pero éste decidió apuntarse a la competición a escondidas. Llamó al caballo de siete colores y se presentó, como último participante, vestido con una lujosa armadura. Los hermanos se quedaron fascinados.

El joven ganó la competición y al día siguiente se casó con la princesa. Poco después acudió, junto con sus hermanos (a los que había decidido perdonar) a su casa para buscar a su padre. El caballo de los siete colores desapareció, tal y como llegó. Y nadie más volvió a verle.

El caballo de los siete colores’, una leyenda de Guatemala.

 

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