Hígado de conejo.

por chamlaty

Hace mucho tiempo, en el fondo del mar, la hija del rey del mar enfermó gravemente. Los médicos no podían curarla, hasta que finalmente sugirieron que, para poder curarla de su mal, tenían que darle de comer hígado de conejo. El rey mandó llamar a la tortuga, porque es un animal que vive en el mar, pero puede salir a tierra firme.

El rey le explicó a la tortuga su problema y la tortuga se rehusó a ayudarlo porque ningún conejo querría dar libremente su hígado para curar a la princesa. El rey se enojó y amenazó de muerte a la tortuga, advirtiéndole que, si no le traía al conejo, le arrancaría el hígado a ella.

La pobre tortuga no tuvo más remedio que emprender el viaje a tierra firme, agobiada en sus pensamientos: ¿Cómo convencería al conejo para acompañarla? Por fin llegó la tortuga a la playa y lentamente se internó tierra adentro hasta que encontró un conejo; lo saludó cortésmente y le dijo: “ven conmigo, porque el rey del mar hará una gran fiesta en honor de su hija y me mandó por ti para que seas su invitado especial”.

El conejo se sintió halagado y accedió a ir, pero llegando a la playa, le dijo a la tortuga: “no podré acompañarte porque no sé nadar”, a lo que la tortuga respondió: “no te preocupes, puedes subirte en mi concha y yo te llevaré hasta la corte del rey”.

El conejo se subió en la tortuga y ésta lo llevó hasta las profundidades. El rey se alegró mucho al verlo, lo saludó y todos estaban muy felices. El conejo preguntó por la princesa y lo escoltaron a su habitación, donde cerraron las puertas y desenvainaron sus espadas.

El conejo se asustó mucho y fue informado de la verdadera razón de su presencia. El conejo inmediatamente respondió: “¡Ahhh! Lo que tú quieres es mi hígado” y luego viendo a la tortuga: “me lo hubieras dicho cuando me recogiste, no lo sabía y lo dejé en mi casa, tendrás que llevarme a recogerlo”.

El rey se exasperó y ordenó a la tortuga que llevara al conejo a recoger su hígado y volvieran. La tortuga tuvo que volver a tierra con el conejo, quien le reclamó en el camino por haberlo engañado. Ella le respondió que, si no lo hacía, le sacarían a ella su hígado. Siguieron el viaje y una vez en la playa, tan pronto como el conejo pudo pisar suelo seco, emprendió una alocada carrera mientras le gritaba a la tortuga: “¿sabes? Acabo de recordar que yo también lo necesito, mejor dale el tuyo”.

 

FÁBULAS, MITOS Y LEYENDAS COREANAS.

 

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