El lobo, el caracol y las avispas.

por chamlaty

Había una vez un lobo muy vanidoso, que no temía a nada y no se tomaba mucho cuidado por no dañar al resto de animales. Un día, cuando paseaba por el bosque, pisó a un caracol.

– ¡Ay! ¡Lobo malvado, qué daño me hiciste! ¡Ten más cuidado, aunque ya veo que no te importa!- dijo enfadado el caracol– Aunque, si yo quisiera, podría correr más que tú y ganarte en una carrera con todos tus compañeros.

– ¡Ja, ja, ja! ¿Pero qué dices, caracol? ¿Tú vas a ganarme a mí en una carrera?

– Sí, y si quieres te lo demuestro. Ven aquí mañana mismo por la mañana con tus amigos y yo vendré con los míos…

– Uy, qué miedo que me das… Claro que vendré. Menudo ridículo vais a hacer tú y los tuyos.

Y así, altanero, se fue en dirección al río Garona, pero antes de llegar, vio un nido de avispas y quiso pisotearlo.

– ¡Ay! ¡Mira que eres malo, lobo!- protestaron las avispas- ¡Has destrozado nuestro nido! Aunque debes saber que no te tenemos miedo. ¿Qué te apuestas a que podemos ahogarte en el río?

– ¡Ja, ja, ja! ¿Vosotras? ¿Ahogarme a mí?

– Sí. Ven mañana por la mañana a este mismo lugar y te esperaremos nosotras y todas nuestras compañeras… Puedes venir con todos tus amigos.

– Muy bien, pues aquí nos tendréis- dijo el lobo alejándose tranquilo.

En cuanto el lobo se fue, el caracol se acercó a las avispas:

– Tengo un plan- les dijo- Mañana mis compañeros y yo traeremos hasta aquí a los lobos. En cuanto lleguen, os lanzáis a por ellos y los lleváis hasta el río.

– ¡Fantástico, amigo caracol! ¡Eso haremos!

A la mañana siguiente, los caracoles llegaron muy pronto a su cita, y comenzaron a colocarse uno detrás de otro, separados por algún metro, a lo largo de todo el recorrido hasta el río.

Las avispas se ocultaron tras los sauces que había en la ribera del Garona. Entonces llegaron los lobos.

– Ya estamos aquí, caracol, fieles a nuestra cita. Tenemos ganas de ver cómo ganas la carrera. Y tus amigos, ¿te dejaron solo? Claro, son más listos que tú, ¡Ja, ja, ja!

– No rías tanto y que empiece la carrera- dijo el caracol.

Los lobos comenzaron a correr y de vez en cuando preguntaban:

– Caracol, ¿estás ahí?

Y entonces, uno de los caracoles respondía:

– ¡Aquí estoy!

Los lobos no se lo podían creer, pero cada vez que miraban al suelo, veían al caracol. Y justo cuando llegaron a los sauces del río, salieron las avispas y se lanzaron con furia contra los lobos, picándolos hasta en el hocico.

– Ay, ay, ay- aullaban los lobos por el dolor.

Y ya en el río, la corriente se los llevó a todos. Y así fue cómo caracoles y avispas consiguieron derrotar a los lobos.

La inteligencia que derrotó a la fuerza: El lobo vanidoso pensaba que era más rápido, grande y fuerte que el caracol y las avispas, pero no se dio cuenta de que sobre estas fortalezas se sitúa una mayor, que es el ingenio o la inteligencia. Y tanto el caracol como las avispas demostraron ser muy ingeniosos a la hora de vencer al poderoso lobo, que demostró además tener un gran defecto y una debilidad… ¡la vanidad!

El punto débil del lobo: Sí, la vanidad puede ser un punto de flaqueza, ya que hace que perdamos la noción de la realidad y nos confiemos demasiado. El lobo estaba tan seguro de vencer, que no fue nada prudente ni tuvo en cuenta que debía cerciorarse de que la carrera se hiciera conforme a ciertas normas. Esa falta de confianza y de vanidad, le pasaron factura.

Juntos, mejor: Tanto el caracol como las avispas podían haber retado al lobo por separado. Sin embargo, decidieron unir sus fuerzas y el resultado fue mucho más favorable para ellos. Entre la astucia del caracol y el aguijón de las avispas, consiguieron deshacerse de los lobos.

«La mayor fortaleza reside en el ingenio.»

 

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