El caminante inteligente.

por chamlaty

Caminaba un hombre por el campo en un día caluroso. Al cabo de unas horas, se sintió agotado y muerto de hambre, y al pasar por una granja, decidió llamar en busca de algo de comida. Pero allí vivía un hombre bastante egoísta y antipático. Al abrir la puerta, se encontró con el caminante:

– Perdone usted, buen hombre-dijo el caminante- Llevo horas andando y no he encontrado ningún lugar donde parar a comer algo. ¿No le sobrará a usted algo de comida?

No le hizo ninguna gracia al dueño de la granja esta visita inesperada, así que buscó la forma de quitárselo de encima:

– ¿Comida? Llegas tarde. Nosotros ya comimos y no sobró nada…

Se dispuso a cerrar la puerta, pero el caminante pensó deprisa. Vio a un niño jugando junto a la casa y le dijo:

– Eh, chaval, toma este billete para que juegues. Tengo muchos más…

El niño, que era el hijo del granjero, se acercó y tomó extrañado el billete que el hombre le daba. Su padre, al ver que era un billete ‘de los gordos’, pensó que podía ser una oportunidad para aprovecharse de aquel desconocido. Al fin y al cabo, parecía tener bastante dinero.

– ¡Espere! Acabo de recordar que sí nos sobró comida… Pase, pase. Le diré a mi mujer que te ponga un plato.

El caminante se sentó a la mesa y el granjero le dijo a su mujer en la cocina:

– Ese hombre le ha dado un billete de los grandes a nuestro hijo y ha dicho que tiene muchos más! Tenemos que hacer que se sienta bien aquí y veremos cómo podemos aprovecharnos de él.

Así que ambos sirvieron al invitado un buen plato de gachas y después, un café con bizcocho. Una vez que terminó, el caminante preguntó.

– ¿Dónde está el baño?

– Ah, está afuera, justo al salir a mano derecha- respondió el granjero.

El caminante aprovechó para salir de la casa. Se acercó al niño y le dijo:

– Venga, chaval, devuélveme el billete que te di, que ya has jugado suficiente.

Lo recuperó y se fue corriendo. De esta forma, el caminante siguió su camino, con el estómago bien lleno.

La avaricia ciega el juicio.  La avaricia hace que las personas actúen de forma incoherente y pierdan el sentido moral. El granjero pasa de la negación a la hospitalidad fingida solo cuando imagina un beneficio propio.

La hospitalidad interesada no es verdadera hospitalidad. En el cuento ‘El caminante inteligente’, el granjero y su mujer ofrecen comida, pero no por compasión ni solidaridad, sino como estrategia para aprovecharse del invitado. La ayuda que se ofrece esperando algo a cambio pierde su valor ético. En la tradición popular, la hospitalidad es una virtud; cuando se pervierte, se convierte en motivo de burla o castigo narrativo.

El ingenio puede ser una forma de justicia social. El caminante inteligente no roba ni usa la fuerza. Utiliza la astucia para resolver una situación de desigualdad: está hambriento frente a alguien que tiene comida y se la niega. El ingenio del débil se presenta como una herramienta legítima frente al abuso del poderoso o del avaro. En muchos cuentos caribeños, la picardía no se condena cuando sirve para restablecer el equilibrio.

Quien intenta engañar puede terminar engañado. El granjero cree que va a sacar provecho económico del caminante inteligente, pero es él quien termina perdiendo: ofrece comida sin recibir nada a cambio. La trampa se vuelve contra quien la prepara. Este recurso narrativo refuerza la idea de que la mala intención suele tener consecuencias.

La apariencia de riqueza altera el trato hacia las personas. El cambio de actitud del granjero ocurre cuando ve el billete “de los gordos”. Antes de eso, el caminante no merece ayuda; después, es tratado como invitado. 

«La falsa generosidad siempre queda en evidencia»

«La avaricia y el interés personal deforman la conducta»

 

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